No siempre encontramos lo que buscamos, los pasos nos llevan, errantes, por nuestro acontecer y llega el momento en que el alrededor se vuelve habitual, gris rutina sin ningún encanto aparente.

Todos tenemos un mundo interior, vivimos y crecemos en lugares diferentes pero con un denominador común, la influencia que ejercen sobre nosotros. Somos lo que vemos, respiramos y oímos. Nuestra fugaz memoria se alimenta de los impulsos del aire que nos azota y nos guía.

De ahí precisamente nacen estas pinturas, retazos de mi vida, lapsos temporales de mi existencia, quiebros, cotidianidades, esperanzas, anhelos,… luces y sombras de mi caminar. Lejos de querer ser localizaciones muy concretas, huyen de lo individual para convertirse en colectivo y pretenden ser una idea inmutable de realidad para todos los que las observen.

El arte entendido como representación de lo tangible, espejo inexacto de la experiencia y residuo de la memoria. Estas obras son las huellas del devenir.